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Volver a Hastinapura, donde todos recobraremos algo de dioses – releyendo el Mahabharata más tarde en la vida

Mahabharata: sermón de Krisna a Arjuna antes de la guerra
Mahabharata: sermón del dios Krisna a Arjuna antes de la guerra

Crepúsculo de primavera en Shanghai, año 2013. Estamos cenando con Sylvia, mi esposa, y nuestro hijo Danilo, quien vive en Shanghai, en el barrio Concesión Francesa, nombre que es testimonio del “Siglo de humillación”, durante el cual las potencias europeas forzaron militarmente a la China a “concederles” su patrimonio y sus riquezas, mientras ella – hasta entonces y desde tiempos inmemoriales el pais más rico del mundo – se sumía en el opio y la miseria.

La cena es italiana. Algunas noches antes habíamos cenado hindú. Eso lleva la conversación hacia lo que los tres debemos a distintas culturas: la italiana (mis ancestros), la francesa, la hindú, la de los indígenas norteamericanos, la china, la inglesa (obviamente, pues vivimos allí tantos años y Danilo es inglés de nacimiento) y otras que han venido a tocar nuestras vidas con variados ímpetus en distintos momentos.

A propósito del barrio, yo doy el ejemplo del puñado de pensadores franceses que merodean hace años por mi mundo mental: Rousseau, Lévi-Strauss, Bataille, Derrida y otros más. Por su parte Sylvia hace reminiscencias de su intensa pasión de otra época – pero que aún le chisporrotea en el brasero interior – por la cultura hindú, país que ha recorrido de norte a sur, templo tras templo, más de una vez.

Mientras la escucha, Danilo súbitamente exclama:

“¡Ah, cómo me gustaría releer el Mahabharata!”

El Mahabharata es el clásico hindú que yo le leí cuando era niño pequeño antes de irse a dormir, a lo largo de un año o algo así, lectura que tuvo tal impacto en mi que usé el Mahabharata durante décadas como fuente de inspiración para talleres y clases de Rito Terapia y Rito Educación. Mientras recordamos distintos episodios de la epopeya, cruzándolos con otras lecturas de almohada que hiciéramos a través de su infancia – tales como los mitos de los indios norteamericanos de las praderas – a Danilo se le van humedeciendo los ojos, y nos dice que está a punto de ponerse a llorar.

En los ojos de mi hijo contemplo entonces, inesperadamente, el impacto que esas narraciones tuvieron en él, quizá más certero que aquél que tuvieron en mí. ¡Veinte y tantos años después, y la emoción le vuelve a aflorar como en la primera noche! Con parecida intensidad a la de aquellas noches en que su corazón apenas en formación ya se trababa con los dilemas éticos de los personajes del mito, y se rebelaba llorando contra la muerte de algún héroe, que otro héroe pudo haber evitado, mas optó por no hacerlo: “¿Por qué? ¿Por qué no lo ayudó?” Pregunta que yo no atinaba a responder…

Con la conversación todavía fresca en la memoria, ya lejos de Shanghai y de paso por Londres, entro en una librería y le compro a Danilo el Mahabharata, con la intención de mandárselo a China. Pero en el avión de vuelta a Chile comienzo a hojearlo, y el hojeado se convierte en relectura. Un mes después, aún no se lo he mandado y voy ya por la mitad del libro (que es enorme): en el episodio de la muerte de Bhishma, el héroe del Mahabharata cuyas peripecias más han figurado en mis clases y talleres de Rito Terapia y Rito Educación, por la riqueza y densidad de los dilemas existenciales que proponen al corazón del lector.

Mahabharata: Bhishma en su lecho de flechas
Mahabharata: Bhishma en su lecho de flechas

En ese momento, con Bhishma yaciendo en su lecho de flechas y otro héroe, Arjuna, haciendo manar una fuente de la tierra de un mágico flechazo, para calmarle al agónico guerrero la sed inducida por el desangramiento, hago un alto en la lectura. Acudo a la introspección para cobrar conciencia de la diferencia entre el impacto que tiene hoy sobre mí esta lectura y aquél que tuviera hace veintitantos años atrás.

Y esa diferencia la puedo resumir así:

En mi lectura pasada lo que más me conmovía, me maravillaba, y me dejaba largamente pensando, era la dimensión puramente humana del relato. Y de aquella, sobre todo su expresión ética y existencial. Si bien el Mahabharata es un intrincado mosaico de enredos entre dioses, demonios, animales y seres humanos, mi filtro mental depuraba ese mosaico hasta obtener una especie de limpia acuarela. Acuarela sutil, refinada, desde luego, con sus gradaciones y claroscuros; pero más plana, al fin y al cabo, que el mosaico original. De ella había limpiado no solamente todo lo sobrehumano y sobrenatural, sino también todo aquello que rebasara lo ético y existencial. Hasta de las vicisitudes del dios más complejo – de Indra o de Krisna, pongamos por caso – extraia exclusivamente aquellos materiales instigadores de acertijos del tipo: “¿Cómo vivir, cómo conducirse, cómo actuar?”

Estaba, supongo, en la época de mi vida en que mi pensamiento – mi manera de inquirir y preguntar – estaba centrado en los problemas de la acción. En sus orígenes, sus variables y complicaciones, y sus resultados. Y mi lectura del Mahabharata, como las de Shakespeare o de Ibsen o Rulfo, o de quienquiera que fuese que estuviera por entonces leyendo, venía a nutrir preferentemente esa reflexión, por sobre otras posibles.

En esta lectura actual, por su parte, noto que ni estoy depurando la dimensión sobrehumana, ni son exclusivamente las provocaciones éticas y existenciales lo que me maravilla y deja pensando. Aquella lectura de antes sigue intacta, no es que haya renegado de ella, pues hay pocas cosas olvidables en el Mahabharata. Mas cuando ahora vuelvo a contemplar a ese Bhishma inolvidable esperando su “propia muerte” (frase de Rilke), no se presentan a mi conciencia tan sólo los tremendos dilemas morales que ha debido como ser humano en su vida enfrentar, con sus magníficas maneras de resolverlos. Se me presenta también Bhishma como el dios que también fuera, el semidiós que también es, y el dios que volverá a ser, mientras se halla postrado allí tras haber vivido miles de vicisitudes e interactuado con multitud de otros dioses, demonios y humanos toda una vida.

Arjuna, a su lado, también se me presenta ahora, normalmente y sin necesidad de depuración ninguna, como otro que es mitad ser humano y mitad dios. Rodeados ambos de un vasto cenáculo de otros dioses, semidioses, demonios, semidemonios, animales y seres humanos. Y todos ellos conjuran un universo mental donde dioses y hombres y otras presencias interactúan de manera cotidiana y en total libertad. Si mi ruta de antes por este relato se dió casi exclusivamente por cauces éticos y existenciales, la de ahora rompe la monotonía y añade otro cauce. O me retorna a otro más esencial: una lectura epistemológica. La introspección hace presente a mi conciencia que todo ese ensamblaje de personajes está también ahí para ayudarme a flexibilizar – para fracturar o remover del todo – los límites y rigideces dentro de los cuales se mueve mi acto mismo de pensar.

Será porque estoy en esta otra etapa de la vida, donde mi pensamiento – las interrogantes que me motivan – está más centrado en los propios acertijos del pensamiento: “¿Cómo pensar? ¿Cómo y qué podemos saber? ¿Cómo es lícito y cómo es ilícito pensar? ¿Dónde están las fronteras de lo admisible como real para el pensamiento?”

Imaginemos lo admisible como real para el pensamiento como un país… nuestro país mental. ¿Es chiquitito, como una Andorra o un Luxemburgo, o es vasto y está llena su cartografía de regiones fantásticas y misteriosas, como un México o un Brasil?

El país mental a dónde nos traslada el Mahabharata es tan vasto y multifacético como todos los universos mentales que conviven – o han convivido históricamente – en un México o en un Brasil. Y Hastinapura es su capital. Allá es adonde ahora quisiera volver, si es que alguna vez he salido, a ultramar de mis maestros de pensamiento europeos. Y conminado a volver allá por mi propio hijo menor, desde otro horizonte mental inconmensurable: la China. Volver a Hastinapura, o despertar en ella un día de estos, si acaso hubiera vivido siempre en ella, pero como sonámbulo, narcotizado por una epistemología que no tolera la existencia de más dimensiones que la humana.

El destino en China: Edipo Rey en Beijing

Primavera de 2013. Sylvia Galleguillos, mi esposa, está enseñando Aromaterapia Sutil en Beijing. Una noche, tras su clase, salimos a visitar el futurista Centro Nacional para las Artes de la Representación – o Teatro Nacional – hacia el oeste de la plaza Tiananmen.

Emergemos del metro directamente dentro de la antesala del Teatro, junto a las taquillas. En cartelera esa noche, entre otros espectáculos, está Edipo Rey de Sófocles. Para los meses siguientes están anunciados Antígona, del mismo autor, y Otelo, de Shakespeare. Las tres obras por la compañía estable del Teatro Nacional. “Interesante”, me digo, “tres pilares de la cultura occidental, montadas en serie…”

Invito a Sylvia a ver Edipo Rey la noche siguiente. No puede, tiene su agenda colmada. Me sugiere invitar a Yao Yuxian, director de la Escuela Aromatime, donde está enseñando. Lo llamo y acepta de inmediato; “será un honor para mí”, dice. Con las entradas ya compradas salimos hacia el parque que rodea al edificio. Caminamos por el borde de la vasta pileta circular que lo rodea, contemplando desde las sombras la asombrosa estructura. Es un domo de vidrio forma elíptica que pareciera flotar sobre el agua quieta. En esa límpida quietud la imagen real se une a su reflejo para completar una elipse perfecta brillando en la noche. “Extraordinario… extraordinario…” se comentan uno a otro al pasar dos transeúntes argentinos.

Sylvia Galleguillos en el Teatro Nacional de Beijing
Sylvia Galleguillos delante del Teatro Nacional de Beijing

Parece un grano de arroz gigantesco, un huevo de reptil o tortuga (¿tal vez de dragón?), una burbuja iridescente, una cápsula futurista. Pero sobre todo un capullo de gusano de seda. La armazón metálica sugiere los filamentos de la seda igual como aquella del estadio Nido de Pájaros – que a esta misma hora incandesce rojo en la noche unos kilómetros más al norte – sugiere ramitas entretejidas.

“Tejido”. Palabra clave que nos va a descifrar todo el recinto. No sólo tejido de seda, esa materia prima – y símbolo – capital de la civilización china. También tejido del cielo y la tierra, de la luz y la sombra, del fuego y del agua, de lo cenital y lo abisal, pues el imponente capullo aparece seccionado en dos hemisferios por una curva sinuosa. Uno transparente que resplandece con la actividad de su interior y que mira hacia el oriente, dirección de la vida en la cosmovisión china. El otro negro y constelado como la noche que sobre el conjunto preside, mirando hacia el oeste, dirección de la muerte.

Ambos hemisferios juntos dibujan el inconfundible signo Yin Yang, símbolo matriz de esta cultura, que simboliza la zona de roce o fricción entre todo lo luminoso y todo lo oscuro, desde verano e invierno hasta felicidad y tristeza. Y el medio que permite todos esos efectos es el agua, ese otro arquetipo germinal de la mente china y que motiva algunas memorables reflexiones confucianas.

La noche siguiente volvemos con Yao Yuxian a ver Edipo Rey. Nuestra lectura del espacio del Teatro Nacional, que le comento al llegar, es nueva para él, pero le hace inmediato sentido. Es más, lo estimula. Le van brillando los ojos mientras me va interpretando los espacios interiores del teatro en función de esa misma lectura, sobre todo el tema de la seda, enriqueciéndola con matices que a mí se me hubieran escapado. Y más tarde, tras la función, va a hacer lo mismo con mi lectura del espacio exterior. Por ejemplo, la negra caparazón del lado poniente, piélago inmenso apenas constelado por unos inciertos archipiélagos de luz, le sugiere la insignificancia de lo sabido ante la vastedad de lo ignorado, tema predilecto del daoísta Zhuangzi (a quién él no menciona).

Edipo Rey. “Drama germinal de la modernidad occidental. Si no hubiera habido Edipo Rey no habría habido Freud. Por lo menos no el mismo Freud. Y sin ese mismo Freud ni el pensamiento, ni el lenguaje, ni las emociones del siglo 20 habrían sido las mismas.” Así le describo a mi invitado la obra que vamos a ver. Pero al irla viendo descubro que la versión china del Edipo Rey debe tanto a Sófocles como a esos arquetipos chinos que nos circundan. Y súbitamente me encuentro ante una puesta en escena que nos habla también, en sus simbolismos, acerca de la China de hoy. Y de mañana, tal vez.

El escenario ha sido dejado en bruto. Sólo la gran caja negra, con ausencia total de color. La iluminación es casi horizontal, dura, cortante. Barre la zona del escenario donde se halla el actor que habla, dejando todo lo demás en las sombras. No hay claroscuros a la manera italiana, sólo ásperas fricciones entre la luz y la sombra, un permanente Yin Yang como aquél del propio Teatro Nacional visto de afuera.

Tampoco hay decorado, excepto una enorme plataforma cuadrada, negra también, que pende oblicuamente sobre el elenco, como la tapa de un libro a medio abrir – o a medio cerrarse. En la cosmovisión china, el cuadrado representa la madre tierra que nos sostiene y nos permite crecer. Sólo que esta madre tierra pende sobre Edipo y el universo del drama, en lugar de sostenerlos. Bajo el vértice de aquella tierra pendiente ocurre toda la acción, y el vértice se va a ir cerrando imperceptiblemente a medida que Edipo vaya deduciendo, silogismo tras implacable silogismo, la terrible lógica de su destino. Ya al borde de la final revelación – su asesinato a pesar suyo de su propio padre y posterior seducción de su madre – la plataforma ha descendido tanto que los tebanos (¿sólo ellos?) deben andar encorvados debajo de ella, como personajes de un libro a punto de cerrarse (¿la China milenaria, la actual?).

Tras la revelación la plataforma se invierte y cambia de color. Ahora es blanca, el color funerario en China, y abre su vértice hacia el fondo del escenario. Sobre ella un Edipo que ahora ya se conoce a sí mismo, y ha puesto finalmente los pies sobre la tierra. Pero está allí desconsolado y manando sangre desde las cuencas de sus ojos que él mismo en expiación ha vaciado, sangre que escurre por esa madre tierra vestida de blanco luto, formando un delta sobrecogedor, hacia nosotros.

Edipo Rey en Beijing Abril 2013
Edipo Rey en Beijing Abril 2013

Tras descubrir Edipo el holocausto del padre y la seducción de la madre, se ha vuelto a abrir el libro de Tebas (¿o China?), sólo que esta vez ese mundo queda desconocido y oculto para los espectadores.

Dada la arquitectura del Teatro Nacional, el escenario queda debajo de la zona Yin del edificio: ese piélago oscuro que mira hacia el oeste, apenas pespuntado por una que otra lucecilla. Aquí aparece todo el sentido de la alusión de Yao Yuxian que narro más arriba. Ese libro ya no se estaría abriendo hacia el este, dirección de la historia y de lo conocido en el pensamiento chino, sino hacia el oeste, su dirección del futuro, la incertidumbre y lo desconocido.

Para calibrar la vastedad de aquella incertidumbre en la China de hoy, podemos preguntarnos qué podría significar para la psiquis china el asesinato del padre y la seducción de la madre. Una posible respuesta la da Mencio, ese formidable confuciano. En China esos son crímenes más horrorosos y abominables que para nosotros. Aunque tu padre sea el criminal más perverso, tu inviolable deber como hijo es protegerlo de la justicia, incluso si tu propia vida que has llevado hasta ese momento, se hace inviable con ello, argumenta Mencio en un pasaje que da mucho a pensar.

¿Entonces qué hacer, cómo pararse, ante un destino que te podría estar condenando a asesinarlo, es decir a “matar” tu cultura y linaje ancestral, y a violar a tu madre, es decir a tu tierra y sus tradiciones, aunque sea a tu pesar…?

Nuevas incógnitas que abre para su público este Edipo Rey en Beijing, una vez que Edipo, para su eterna desolación, ha ya descifrado las suyas.

Viaje al corazón de la primavera china: con peonías, Qing Ming y Feria de Cantón – viaje de estudio a China de abril de 2013

Viaje a China Octubre 2012
Grupo del viaje a China Octubre de 2012 en Fujian

Tras el exitoso viaje de estudio a China que hiciéramos con Feng Shui Chile en Octubre de 2012 (puedes leer sobre ese viaje haciendo click aquí) se ha seguido esparciendo de boca en boca la noticia de nuestros viajes a China y lo especiales y distintos que son del turismo normal. Tanto es así que, sin haberlo planeado de antemano, ya a fines de Enero 2013 se ha formado de manera espontánea un núcleo de expectantes viajeros que irá con nosotros en viaje de estudio a China en Abril de 2013. Como dice inolvidablemente el Taoísmo:

“Todo lo transformador, todo lo que hace renacer, se genera espontáneamente. Espontáneas son su forma y su apariencia, espontáneos su intelecto y su fuerza, espontáneos su extinción y su reposo. (Liezi, 1, 1)”

Por su manera espontánea de surgir, sin duda este nuevo viaje a China tiene también, como los anteriores que hemos liderado, un fuerte potencial transformador. Por eso nos hemos puesto de lleno a preparar su nacimiento, dándole un nombre, un motivo y una hoja de ruta.

Motivos del viaje de estudio a China abril de 2013

Lo hemos nombrado: “Viaje al corazón de la primavera china, con peonías, Qing Ming y Feria de Cantón”. Y ese nombre resume sus principales motivos.

Será un viaje al corazón de la primavera china, pues obviamente ocurrirá en abril, con la primavera allá en todo su esplendor. Y podremos por ejemplo ver los famosos arrozales de Longji en Guangxi en su época más bella, con las matitas de arroz recién plantadas y las terrazas recién inundadas. Mas no sólo por eso.

También lo será porque en el centro de nuestro itinerario hemos puesto a Luoyang, que no sólo es literalmente el centro ancestral de la civilización china, la antigua capital de los reyes de Zhou (3.000 años atrás) y un nodo cultural donde confluyeron las distintas culturas que forjaron la China. También es la ciudad donde se celebra todos los años durante Abril el Festival de la Peonía en su principal parque urbano. Allí se puede gozar del espectáculo maravilloso del florecer de un millar de distintas variedades de peonía, una flor de gran importancia para la civiliziación china y su símbolo predilecto del amor y el erotismo.

También será un viaje a conocer Qingming, el Festival del “Puro Brillo” o de “Limpieza de la Tumbas”, la más importante festividad tradicional china de veneración de los ancestros. Presenciaremos celebraciones de Qingming a todo lo ancho de China, pues si bien la fiesta oficial ocurre entre el 4 y el 7 de Abril, las familias chinas ocupan todo el mes de Abril en el saludo a sus ancestros y la limpieza de sus tumbas.

Y será también un viaje de estudio a China, para quienes estén interesados, donde se podrá visitar la famosa Feria de Cantón, escoltados por Danilo Cozzi, quién vive en China, habla fuidamente el idioma, es asesor de negocios con China y es un íntimo conocedor de la Feria de Cantón.

Aquellos serán los principales motivos del viaje de Abril de 2013. Pero por cierto no dejaremos de visitar lugares tan emblemáticos como La Xi’an de los Guerreros de Terracota, la bella Guilin de las montañas y las aguas, la Beijing de la Ciudad Prohibida y el Nido de Pájaros, y la indescriptible Shanghai. Y sin dejar de lado jamás el sello distintivo de nuestros viajes: contacto con la China profunda, con los barrios populares, los mercados y los templos de la vida cotidiana china.

Fechas del viaje a China de Abril de 2013

Las fechas definitivas del viaje no están definidas absolutamente al momento de escribir esto. Podrán variar unos días dependiendo de las necesidades de distimtos viajeros. Pero en principio serán las siguientes:

4 de Abril de 2013: salida de Chile
6 al 20 de Abril de 2013: viaje por China
(15 al 17 de Abril de 2013: Feria de Cantón primera etapa, para interesados en ella)
21 de Abril de 2013: Vuelta a Chile
(23 al 25 de Abril de 2013: Feria de Cantón segunda etapa, para interesados en ella)

Valores de viaje de estudio a China de Abril de 2013

Viaje sin Feria de Cantón (4 al 21 de Abril): $3.500.000
Viaje con Feria de Cantón Etapa 1 (4 al 21 de Abril): $3.750.000
Viaje con Feria de Cantón Etapa 2 (4 al 25 de Abril): $4.000.000

Inscripción y contacto

Para todo lo que sea inscripción en este viaje de estudio a China, y aclaración de dudas, preguntas, etc. lo mejor será llamar o escribir directamente al organizador, guía y profesor de éste: Enzo Cozzi:

Celular: 5667 8829 Casa: (02) 2769 9446 email: enzocozzi@gmail.com

Confucio y su Mundo: mi nuevo curso de pensamiento chino – provocaciones desde esa otra mirada

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Motivación y espíritu del curso

¿Cómo piensan los chinos? ¿Desde dónde observan el mundo? ¿Qué ven en tí cuando te miran? ¿Qué oyen cuando te escuchan? ¿Cuáles son los patrones culturales fundamentales de la civilización china? ¿Y hacia dónde marcha la China? ¿Qué rol estará llamada a jugar en el mundo futuro?

Este curso de pensamiento chino se propone extraer de ciertos pensadores claves de la civilización china aquella sustancia más resonante con nuestra vida contemporánea. El curso investiga la relevancia actual para nosotros del pensamiento chino, tanto el pensamiento de sus grandes clásicos como el de sus pensadores modernos, aquello que ofrecen de estimulante y provocativo para el mundo y las personas de hoy.

Y, sobre todo, aquello también que nos ofrecen como herramienta para tratar de entender hacia dónde va este mundo de hoy, hacia dónde vamos. Porque todo parece indicar que la China va enfilada a establecerse como la primera potencia mundial durante el siglo 21. Como sostiene el norteamericano Jim Rogers:

“El siglo 19 fue el siglo de Inglaterra, el siglo 20 el siglo de EEUU y el siglo 21 será el siglo de China” (http://youtu.be/okCKFhZB-3k).

Una pregunta apasionante que surge de ahí, es: ¿de llegar a serlo, lo sería tan sólo económica y políticamente, o también cultural y espiritualmente? ¿Traerá el horizonte mental chino, junto con su hegemonía, una mirada fundamentalmente distinta sobre el mundo a impactar sobre nosotros? ¿Estará China condenada a vestirse con el paradigma occidental (o norteamericanO) hoy hegemónico, o traerá consigo su propio paradigma? ¿O contribuirá quizá a engendrar algún nuevo paradigma, hoy día aún impensado? Esas preguntas, intensamente debatidas en el día de hoy, nos dará el combustible inicial para este curso.

Estructura y metodología

El curso consta de cuatro sesiones temáticas vespertinas, dictadas una vez por semana, con apoyo de internet para la investigación personal entre sesión y sesión. Ese apoyo por internet está dotado de una variedad de medios: textos, videos, películas, imágenes, documentales, diaporamas, mapas mentales, posteos míos, etc. Los temas son examinados desde distintas miradas tanto clásicas como modernas y, de las modernas, tanto autóctonas chinas como occidentales (de observadores inteligentes y bien informados sobre la China antigua y actual). También recurro al cine de ficción y a la literatura de viajes para ir ilustrando la mirada china sobre el mundo. Si bien “paso materia” (y harta), lo hago de manera amena y coloquial, intensamente conversada. Así como entrego mucha información, también abro oportunidades de diálogo y debate, e invito a pensar y a plantearse nuevos desafíos mentales a partir de los temas que tocamos.

Primera sesión: Cambio y permanencia

China está cambiando; con ella está cambiando el mundo. ¿Cómo estará cambiando China? ¿Cuánto estará cambiando y cuánto estará permaneciendo igual? ¿Cómo irá a cambiar con ella el mundo? ¿Cómo nos irá a cambiar? ¿Seguiremos siendo los mismos?

¿Cómo cambia lo que cambia y cómo permanece lo que permanece?

Esta sesión estudia la profunda, y muy especial, mirada china sobre el cambio y la permanencia, enfocando en los cambios que se están produciendo en el mega país, y de la mano de algunos clásicos chinos fundamentales que ya suenan bastante en occidente, como el I Ching y el famoso Daodejing de Laozi (Lao Tse), y otros cuya hora aún no ha sonado pero que tal vez ya se acerque, como un hermoso libro llamado Huainanzi y otro, de no menor belleza, llamado Lushi Chunqiu.

Segunda sesión: ¿Cómo pensar?

¿Cómo piensan los chinos? ¿Igual que nosotros? ¿Desde qué supuestos miran el mundo? ¿Hay un sólo pensamiento chino, o los hay diversos? ¿Hay una sóla lógica, un sólo método de pensamiento?¿Cómo pensar con libertad y con creatividad? ¿Cómo aprender?

Esta sesión estudia diferencias entre cómo piensan, o han pensado ancestralmente, los chinos y cómo pensamos nosotros.

Presento el tema desde distintas miradas, desde modernas, como las del gran sociólogo chino moderno Fei Xiaotong y el gran reformador Deng Xiaoping, hasta las de formidables maestros pensadores hundidos en la noche del tiempo, entre ellos tal vez el más colosal de todos: un taoísta llamado Zhuangzi, y otro que no le venía mucho en zaga: Liezi.

Tercera sesión: ¿Cómo vivir?

Pensemos un poco en nuestros modelos de vida… aquellas cosas que nos parecen importantes para vivir bien y plenamente… Bueno, ellas son evidentemente diversas. Distintas personas, de distintos credos, ámbitos y edades tendrán opciones distintas.Una de las preguntas que exploramos en esta sesión es si aquella variedad de opciones de vida que conviven entre nosotros, agota las posibilidades existenciales. ¿No habrá más… otras opciones posibles también, que podamos aprender de pensadores chinos? Otras maneras de vivir la cotidianeidad, no sólo posibles, sino bienvenidas y necesarias tal vez, dados los intratables problemas y encrucijadas que nos presenta la vida cotidiana actual.

Y nadie mejor que el propio Confucio y varios de sus discípulos, entre ellos uno bien formidable llamado Mencio, para guiarnos mientras nos adentrarnos en estas incógnitas acerca de cómo vivir en plenitud, mirado desde la particular óptica china.

Cuarta sesión: ¿Cómo gobernar?
Shang Yang - el príncipe Shang - gran estadista de Qin

“Un país donde los virtuosos gobiernen a los canallas no tendrá orden y será desmembrado, pero uno donde los canallas gobiernen a los virtuosos será ordenado y poderoso. Si se emplea a funcionarios virtuosos, el pueblo venerará a sus familias. Si se emplea a funcionarios canallas, el pueblo venerará las leyes. Los virtuosos escuchan y no contradicen. Los canallas contradicen y espían. Si se da cargos a los virtuosos, las transgresiones quedan ocultas y el pueblo se sienta en la ley, pero si se da cargos a los canallas se castigan los crímenes y se respeta la ley.”

La provocación anterior vino de boca de un famoso pensador político y primer ministro de la nación Qin, Shang Yang (¡1.500 años antes de Maquiavelo!). ¡Dicho y hecho! La filosofía política fundada por Shang Yang se transformó en la doctrina oficial del Primer Imperio Chino bajo Qin Shi Huang (el Emperador que se hizo enterrar protegido por los Guerreros de Terracota, de quién se sostiene que llegará a ser una figura más conocida en el siglo 21 que Julio César o Napoleón). Y no falta quién piense que el pensamiento de Shang Yang sigue muy campante en China, y en otros lados, hasta el día de hoy.

A partir de ese y otros estímulos igualmente provocativos (como el famoso Arte de la Guerra de Sunzi) estudiaremos ciertas decisivas contribuciones chinas al pensamiento político y al arte de gobernar.

Arancel del Curso
El curso completo de 4 sesiones cuesta: $120.000, pagaderos en la primera sesión. Incluye la entrega de materiales didácticos y audiovisuales, la provisión de rico picoteo y bebestibles para degustar durante las sesiones, y apoyo docente por internet.

Fechas del Curso

SESION 1: Cambio y permanencia Jueves 7 de Marzo 2013 – 19:00 a 21:30 horas
SESION 2: ¿Cómo pensar? Jueves 14 de Marzo 2013 – 19:00 a 21:30 horas
SESION 3: ¿Cómo vivir? Jueves 21 de Marzo 2013 – 19:00 a 21:30 horas
SESION 4: ¿Cómo gobernar? Jueves 28 de Marzo 2013 – 19:00 a 21:30 horas

Local:La Sede de la Escuela Chilena de Feng Shui, Av. Nueva Costanera 3355, Vitacura.

Más información: llámame al +56 9 5667 8829 escríbeme a través de mi página de contacto.

Balance de nuestro viaje de estudios a China de Octubre de 2012: un feliz crisol de vivencias y aprendizajes

Sylvia Galleguillos enseñando en Beijing, octubre de 2012

El siguiente enlace te llevará a una entrada publicada en noviembre de 2012 en el sitio web de Feng Shui Chile haciendo un balance del Viaje de estudios a China de Octubre de 2012, organizado por Enzo Cozzi y Sylvia Galleguillos:

Balance de nuestro viaje de estudios a China de Octubre de 2012: un feliz crisol de vivencias y aprendizajes.

Los párpados de Bodhidharma y los caníbales chilenos – crónica de una visita al templo Shaolin, octubre de 2012

Parte del grupo del Viaje de estudios de Feng Shui Chile de Octubre de 2012 junto a pequeña ermita budista en los montes de Shaolin, Henan, China
Parte del grupo del viaje de estudios de Feng Shui Chile de Octubre de 2012 junto a pequeña ermita budista en los montes de Shaolin, Henan, China

Lunes 8 de octubre de 2012, 9 de la mañana, en una sala de embarque en el aeropuerto internacional de Beijing. Acabamos de hacer el check-in de todo el grupo del viaje de estudios y cultural a China de octubre 2012, organizado por mí en conjunto con la Escuela Chilena de Feng Shui que dirige mi esposa, Sylvia Galleguillos, viajes que organizamos una vez al año.

Esa asoleada mañana de otoño partimos a nuestro primer destino fuera de Beijing: la famosa comunidad de artes marciales del Templo de los monjes Shaolin, raíz desde donde emergiera el Kungfu y uno de sus lugares más paradigmáticos. Es una constelación de ermitas y pagodas empotradas en las montañas al norte de Dengfeng, en Henan. Henan es el centro ancestral de China, región que he recorrido antes muchas veces, pero sin nunca antes haber deambulado hacia al templo Shaolin. Igual como a Confucio (quien se negó toda su vida a emitir palabra alguna sobre el tema) hay algo, algo, en todo lo que es marcial, así trátese del arte más espiritual, que siempre me instiga congoja y desazón. De ahí que en mi vida lo he rehuído, salvo cuando siendo aún muy joven me tocó darme de bruces bien traumáticas con el tópico. Pero ese es otro cuento.

Haber concluido exitosamente el check-in de todo el mundo me deja una tibia sensación de alivio. Pues una de mis recurrentes ansiedades como organizador de estos viajes es haber, inadvertidamente, dejado a alguien sin pasaje en un vuelo o en un tren.

Ha sido, eso sí, sólo la primera, de docenas de vallas que deberé sortear en el viaje que recién comienza. Así que mientras el grupo se arrellana a esperar el llamado a embarcar, o se esparce a curiosear por el futurista aeropuerto, yo marco en mi celular el número del chofer del bus que mi hijo Danilo nos ha arrendado para llevarnos desde el aeropuerto de llegada hasta el Templo Shaolín, en un viaje de 120 kilómetros Henan adentro. En China todo aquello se pacta sólo de palabra, no hay contratos ni firmas de por medio. El viajero confía en la palabra del empresario autobusero, y este último en la del viajero, para saber (a ciencia bastante incierta según yo) que el encuentro pactado de seguro se habrá de producir. Pero yo culturalmente vengo de otra parte, donde no somos tanto de palabra, y aunque en mi larga experiencia en China jamás los encuentros así pactados han dejado de ocurrir, en cada nueva oportunidad, a medida que se aproxima el momento del rendezvous aquella falta de papel firmado siempre me vuelve a secar su buen poco la garganta.

Me contesta el chofer, y conversamos. La necesidad me aguza el oído y, con su fuerte acento regional y todo, le entiendo. ¡Le entiendo, otro alivio! Hablar por teléfono en China de una región a otra es un desafío para mis atonales oídos. Me espera a la hora acordada, con un letrero con mi nombre chino. Sólo tras colgar (hará medio siglo que ya no se cuelgan los teléfonos, pero así es el habla, una arqueología sónica) me permito bajar la guardia y desparramarme en un sillón a no pensar en nada, por un rato…

Llegados al aeropuerto en Henan, está efectivamente esperándonos el chofer. Desde lejos lo diviso; pareciera estar colgando del bendito letrero con mi nombre, tan rectos estira los brazos por encima suyo.

Con el bus ya en ruta, doy la lección correspondiente a esa etapa del viaje de estudios. Introduzco primero mi nombre chino, leyéndolo en voz alta en el letrero preparado por el chofer: Guo Ying Zhuo, cuyo significado me ruboriza, pero, bueno, no lo elegí yo. Al recibir tu nombre chino vuelves a a la pila bautismal, eres un recién nacido sin ingerencia alguna en la elección del nombre. Lo escogen por ti y la idea es adularte. Así que Guo Ying Zhuo, fuera de ser una onomatopeya china de “Cozzi Enzo”, arrastra – como todo nombre chino – su carga de sentido. Y el sentido con que carga el mío es el de “Héroe Magnífico”, o algo así.

El dato es recibido con hilaridad por los oyentes.

Tratando de rescatar algo de seriedad para la lección, paso de ahí raudamente a introducir Shaolin y su importancia histórica. Por lo menos aquella parte de su historia que más me interesa a mí, que no es tanto aquella relacionada con el origen del Kungfu, como aquella que dice relación con el origen del Budismo Zen. Pues en aquella constelación de templos esparcidos por los montes, hay uno pequeño y perdido en las alturas, que brilla para mí como faro de incalculable magnitud. Se trata del templo donde Bodhidharma, el famoso monje Indio itinerante fundador del budismo Chan o Zen, se pasó 9 años sentado frente a un muro sin decir palabra, y con ese gesto fue que se acumuló la extraordinaria potencia simbólica, ese superávit de Qi, o como quiera que se llame el dinamismo aquél que desde entonces, y hasta el día de hoy, mantiene al budismo Zen lozano y formidable.

Imagen tradicional de Bodhidharma con los párpados cortados
Imagen tradicional de Bodhidharma con los párpados cortados
Con ese gesto y otro más: el primer día de su épica sentada el monje Indio se rebanó los párpados y los lanzó al viento, para así no cerrarle sus ojos nunca más a la realidad… Antes de partir en este viaje nuestro amigo Juan Carlos Ramirez, maestro de Kungfu y líder de la Asociación Chilena de la Danza del Dragón y del León, me había contado una leyenda según la cual allí donde los párpados de Bodhidharma se posaron en la tierra habrían germinado las primeras matitas de té. Les cuento esa leyenda también, y doy por terminada la lección, no sin antes subrayar mi admiración por el monje de los párpados cortados, y su legado.

En Shaolin distintos viajeros hacemos distintos recorridos. El lugar es muy vasto para recorrerlo entero en una sóla visita. Yo no logro cumplir mi aspíración de llegar a la ermita donde se sentara Bodhidharma, pues el andarivel está cerrado por los fuertes vientos, y la subida a pie por las empinadas pendientes tomaría buena parte de un día.

Subo en un andarivel menor con un grupo hacia otras ermitas, entre ellas un pequeño templo budista donde Alfonso, uno de los viajeros, guiado por un monje de ademanes bonachones, quema una gran vara de incienso por primera vez en su vida, y su rostro sufre algo parecido a una transfiguración: se torna en la cara de un niño que acaba de asistir a un prodigio. Más arriba nos fotografiamos junto a la estatua del segundo patriarca del Zen (el sucesor de Bodhidharma). Y en las cumbres al otro lado del desfiladero alcanzamos a distinguir – no sin “vértigo ajeno” – a varios monjes entrenando Kungfu arriba de unas peñas al borde del abismo, igual como en el cine. Fuertemente impresionados con todo aquello, y ya emprendiendo la vuelta, Mariana, una de las viajeras, comenta para mi cámara su espontánea impresión del templito donde Alfonso quemara su incienso.

Esa noche durante la cena, los comensales más aventureros ordenaron, entre otras viandas, alacranes fritos, que comenzaron a degustar cual golosinas. Yo no los he probado, pero dicen quienes lo han hecho que saben a algo entre jaiba y langostino. Y no sé si sería la carne de alacrán, el cansancio tras el intenso día o el efluvio de las heladas cervezas que siempre acompañaron nuestras comidas, la cuestión es que durante esa velada se despertó el bufón picaresco y profano que tanto compatriota nuestro ha de llevar adentro. Creo recordar que la primera talla la tiró Alfredo, dentista, implantólogo, profesor de la Chile, además de melómano, pintor expresionista y Sensei de karate de no sé cuántos “Dan” (cinturones por arriba del negro)…

“¡Mmmm…”, comentó mientras saboreaba un alacrán, “…que está rico este parpadito de Don Bodhidharma!”.

(Y era cierto que los bichos aquellos tenían un cierto aire de párpados o pestañas fritas…)

Otro comensal, Jaime tal vez, o el mismo Alfonso de la transfiguración de más arriba, se la agarró al vuelo: “Mmmm, sí… fritos son mucho más ricos que hechos tecito…”.

Otro, u otra: “Es que somos tan caníbales”.

Y un cuarto o cuarta (dirigiéndose a mí): “Si. Perdone, Don Bodhi. Usted no mire. Dése vuelta para su murito no más…”

De ahí para adelante la cena fue un festival de risas, carcajadas y payaseo a expensas de mi edificante narrativa del origen del Zen en las montañas de Shaolin, la que sufrió vejámenes inimaginables a manos de aquella banda inmisericorde. Me reí, como todos, hasta dolerme las costillas, y habré vertido de la risa un cuantioso litro de lágrimas.

Al otro día, 9 de octubre, de amanecida y ya en el bus que nos llevaba a nuestro próximo destino, al coger el micrófono para hacer mi recuento del día anterior oficialmente abdiqué (¡y sin parpadear!) de mi otrora heroico y enaltecido nombre de “Guo Ying Zhuo”, por todo el resto del viaje, en favor del nuevo, escarmentado y bastante más humilde: “Don Bodhi”, nombre que se me pegó hasta el día de hoy. Y que, ¿saben qué más? no me incomoda, he de reconocer.