El destino en China: Edipo Rey en Beijing

Primavera de 2013. Sylvia Galleguillos, mi esposa, está enseñando Aromaterapia Sutil en Beijing. Una noche, tras su clase, salimos a visitar el futurista Centro Nacional para las Artes de la Representación – o Teatro Nacional – hacia el oeste de la plaza Tiananmen.

Emergemos del metro directamente dentro de la antesala del Teatro, junto a las taquillas. En cartelera esa noche, entre otros espectáculos, está Edipo Rey de Sófocles. Para los meses siguientes están anunciados Antígona, del mismo autor, y Otelo, de Shakespeare. Las tres obras por la compañía estable del Teatro Nacional. “Interesante”, me digo, “tres pilares de la cultura occidental, montadas en serie…”

Invito a Sylvia a ver Edipo Rey la noche siguiente. No puede, tiene su agenda colmada. Me sugiere invitar a Yao Yuxian, director de la Escuela Aromatime, donde está enseñando. Lo llamo y acepta de inmediato; “será un honor para mí”, dice. Con las entradas ya compradas salimos hacia el parque que rodea al edificio. Caminamos por el borde de la vasta pileta circular que lo rodea, contemplando desde las sombras la asombrosa estructura. Es un domo de vidrio forma elíptica que pareciera flotar sobre el agua quieta. En esa límpida quietud la imagen real se une a su reflejo para completar una elipse perfecta brillando en la noche. “Extraordinario… extraordinario…” se comentan uno a otro al pasar dos transeúntes argentinos.

Sylvia Galleguillos en el Teatro Nacional de Beijing
Sylvia Galleguillos delante del Teatro Nacional de Beijing

Parece un grano de arroz gigantesco, un huevo de reptil o tortuga (¿tal vez de dragón?), una burbuja iridescente, una cápsula futurista. Pero sobre todo un capullo de gusano de seda. La armazón metálica sugiere los filamentos de la seda igual como aquella del estadio Nido de Pájaros – que a esta misma hora incandesce rojo en la noche unos kilómetros más al norte – sugiere ramitas entretejidas.

“Tejido”. Palabra clave que nos va a descifrar todo el recinto. No sólo tejido de seda, esa materia prima – y símbolo – capital de la civilización china. También tejido del cielo y la tierra, de la luz y la sombra, del fuego y del agua, de lo cenital y lo abisal, pues el imponente capullo aparece seccionado en dos hemisferios por una curva sinuosa. Uno transparente que resplandece con la actividad de su interior y que mira hacia el oriente, dirección de la vida en la cosmovisión china. El otro negro y constelado como la noche que sobre el conjunto preside, mirando hacia el oeste, dirección de la muerte.

Ambos hemisferios juntos dibujan el inconfundible signo Yin Yang, símbolo matriz de esta cultura, que simboliza la zona de roce o fricción entre todo lo luminoso y todo lo oscuro, desde verano e invierno hasta felicidad y tristeza. Y el medio que permite todos esos efectos es el agua, ese otro arquetipo germinal de la mente china y que motiva algunas memorables reflexiones confucianas.

La noche siguiente volvemos con Yao Yuxian a ver Edipo Rey. Nuestra lectura del espacio del Teatro Nacional, que le comento al llegar, es nueva para él, pero le hace inmediato sentido. Es más, lo estimula. Le van brillando los ojos mientras me va interpretando los espacios interiores del teatro en función de esa misma lectura, sobre todo el tema de la seda, enriqueciéndola con matices que a mí se me hubieran escapado. Y más tarde, tras la función, va a hacer lo mismo con mi lectura del espacio exterior. Por ejemplo, la negra caparazón del lado poniente, piélago inmenso apenas constelado por unos inciertos archipiélagos de luz, le sugiere la insignificancia de lo sabido ante la vastedad de lo ignorado, tema predilecto del daoísta Zhuangzi (a quién él no menciona).

Edipo Rey. “Drama germinal de la modernidad occidental. Si no hubiera habido Edipo Rey no habría habido Freud. Por lo menos no el mismo Freud. Y sin ese mismo Freud ni el pensamiento, ni el lenguaje, ni las emociones del siglo 20 habrían sido las mismas.” Así le describo a mi invitado la obra que vamos a ver. Pero al irla viendo descubro que la versión china del Edipo Rey debe tanto a Sófocles como a esos arquetipos chinos que nos circundan. Y súbitamente me encuentro ante una puesta en escena que nos habla también, en sus simbolismos, acerca de la China de hoy. Y de mañana, tal vez.

El escenario ha sido dejado en bruto. Sólo la gran caja negra, con ausencia total de color. La iluminación es casi horizontal, dura, cortante. Barre la zona del escenario donde se halla el actor que habla, dejando todo lo demás en las sombras. No hay claroscuros a la manera italiana, sólo ásperas fricciones entre la luz y la sombra, un permanente Yin Yang como aquél del propio Teatro Nacional visto de afuera.

Tampoco hay decorado, excepto una enorme plataforma cuadrada, negra también, que pende oblicuamente sobre el elenco, como la tapa de un libro a medio abrir – o a medio cerrarse. En la cosmovisión china, el cuadrado representa la madre tierra que nos sostiene y nos permite crecer. Sólo que esta madre tierra pende sobre Edipo y el universo del drama, en lugar de sostenerlos. Bajo el vértice de aquella tierra pendiente ocurre toda la acción, y el vértice se va a ir cerrando imperceptiblemente a medida que Edipo vaya deduciendo, silogismo tras implacable silogismo, la terrible lógica de su destino. Ya al borde de la final revelación – su asesinato a pesar suyo de su propio padre y posterior seducción de su madre – la plataforma ha descendido tanto que los tebanos (¿sólo ellos?) deben andar encorvados debajo de ella, como personajes de un libro a punto de cerrarse (¿la China milenaria, la actual?).

Tras la revelación la plataforma se invierte y cambia de color. Ahora es blanca, el color funerario en China, y abre su vértice hacia el fondo del escenario. Sobre ella un Edipo que ahora ya se conoce a sí mismo, y ha puesto finalmente los pies sobre la tierra. Pero está allí desconsolado y manando sangre desde las cuencas de sus ojos que él mismo en expiación ha vaciado, sangre que escurre por esa madre tierra vestida de blanco luto, formando un delta sobrecogedor, hacia nosotros.

Edipo Rey en Beijing Abril 2013
Edipo Rey en Beijing Abril 2013

Tras descubrir Edipo el holocausto del padre y la seducción de la madre, se ha vuelto a abrir el libro de Tebas (¿o China?), sólo que esta vez ese mundo queda desconocido y oculto para los espectadores.

Dada la arquitectura del Teatro Nacional, el escenario queda debajo de la zona Yin del edificio: ese piélago oscuro que mira hacia el oeste, apenas pespuntado por una que otra lucecilla. Aquí aparece todo el sentido de la alusión de Yao Yuxian que narro más arriba. Ese libro ya no se estaría abriendo hacia el este, dirección de la historia y de lo conocido en el pensamiento chino, sino hacia el oeste, su dirección del futuro, la incertidumbre y lo desconocido.

Para calibrar la vastedad de aquella incertidumbre en la China de hoy, podemos preguntarnos qué podría significar para la psiquis china el asesinato del padre y la seducción de la madre. Una posible respuesta la da Mencio, ese formidable confuciano. En China esos son crímenes más horrorosos y abominables que para nosotros. Aunque tu padre sea el criminal más perverso, tu inviolable deber como hijo es protegerlo de la justicia, incluso si tu propia vida que has llevado hasta ese momento, se hace inviable con ello, argumenta Mencio en un pasaje que da mucho a pensar.

¿Entonces qué hacer, cómo pararse, ante un destino que te podría estar condenando a asesinarlo, es decir a “matar” tu cultura y linaje ancestral, y a violar a tu madre, es decir a tu tierra y sus tradiciones, aunque sea a tu pesar…?

Nuevas incógnitas que abre para su público este Edipo Rey en Beijing, una vez que Edipo, para su eterna desolación, ha ya descifrado las suyas.

5 pensamientos en “El destino en China: Edipo Rey en Beijing”

  1. Profe siempre entretenidos sus comentarios, visiones y puntos de vista. Que interesante mirada.
    Me imagino que han estado felices una vez más allá en el bello país de China.
    Sldos a Sylvi ,su alumna Lorena Catalan E.

  2. Joya tu análisis Enzo! Me encantó.
    La arquitectura no puede ser más simbólica del giro del yin-yang. Hermoso lugar.
    Respecto a Edipo… sería un destino liberador no? Incitándonos a aniquilar a la autoridad normativa y a destruir los lazos y tradiciones… Un exorcismo patriarcal y matriarcal para que emerja la totalidad immaculada y soberana del SER, como nos plantea Jodorowsky ¿Será este un deseo emergente en las nuevas generaciones de la China?
    Saludos desde Buenos Aires!

  3. Linda, sugerente, interpretación, muy en consonancia con la metafísca clásica griega de donde Sófocles bebía. Sobre la China no sé… interrogante abierta, supongo… el acento puesto en el Ser se halla tal vez más cerca de la espiritualidad hindú, de los Upanisads (los bellísimos Upanisads), que de la china, donde en el período clásico no hubo sustantivo “ser” y ponían todo el acento en el flujo, la transformación…
    ¡Gracias Nicolás! Un fuerte abrazo

Los comentarios están cerrados.