Mi nuevo curso de pensamiento chino y su vigencia para la actualidad

Maestro clásico chino con sus discipulos
Maestro clásico chino con sus discipulos

Ante la insistencia de años de tantos amigos, conocidos y visitantes de mi sitio web, por fin (y con su par de años de atraso, debo reconocerlo) me he puesto las pilas y decidido echar a andar un curso dedicado al pensamiento chino, sus grandes clásicos y su cosmovisión.

Me moviliza la posibilidad de extraer de los grandes clásicos chinos aquella sustancia más aplicable en nuestra vida contemporánea: sus lecciones más útiles para nuestros desafíos de hoy. Quiero demostrar la plena vigencia, la relevancia actual del pensamiento clásico chino, lo cuantioso que tiene de remecedor, estimulante y provocativo para un amplio espectro de personas en el mundo de hoy, desde profesionales de la salud, psicólogos y profesores hasta artistas, diplomáticos, empresarios, qué se yo. Mi ambición es estimularlos con las cuantiosas provocaciones ofrecidas por el pensamiento clásico chino.

El curso lo voy a dictar en el formato innovador que hemos estado desarrollando en La Akademia, que es un equipo de gente proveniente de distintas vertientes a quienes nos une una afinidad de objetivos: ayudar a “kambiar la mirada”, a “desaprender” y a romper esquemas mentales, enseñando de manera provocativa, alegre y “volada” distintas cosas que nos apasionan y que consideramos útiles para remover aquello estancado que pueda tener nuestro actual horizonte mental, movilizando la propia creatividad de los participantes en el proceso. Enseñar también con un buen apoyo de los mecanismos de aprendizaje ofrecidos por la “nube”, las redes sociales e internet, a través de una plataforma especializada en Elearning donde se pueda acceder a una variedad de materiales de apoyo de todo tipo.

Y, lo más importante, enseñar todo aquello afuera de las “academias” con “c”, en un ambiente distendido, flexible, acogedor, sin burocracia y disfrutando de la buena mesa, a la manera de los antiguos griegos y de lo que Confucio llamaba: “El goce de aprender, practicar lo aprendido y recibir amigos en nuestros hogares”.

En el curso Shakespeare y la escena extraordinaria, cuyo primer ciclo ya hemos enseñado completo para La Akademia con mi colega akadémika Andrea Brandes, hemos puesto a prueba exitosamente aquél formato y esa ambición pedagógica, con resultado de muy buen feeling y excelente feedback de los participantes. Así que para mí ya es hora de consolidarlo y desplegarlo en todo su potencial, y tanto Shakespeare como el pensamiento chino ofrecen una pletórica fuente de materias primas para ello. Así que si bien seguiremos ofreciendo más ciclos de Shakespeare (pues ya hay gente pidiénddolos), en paralelo con eso estoy empezando a ofrecer este otro ciclo dedicado al pensamiento chino.

Igual como el de Shakespeare, mi curso de pensamiento chino es modular. Cada módulo consta de cuatro sesiones vespertinas enseñadas una vez por semana, con apoyo de internet, como dije, para la investigación personal entre sesión y sesión. Cada módulo puede tomarse por separado, pues son unidades pedagógicas “redonditas” y autosuficientes, dedicadas cada una a su propia corriente bien acotada del pensamiento clásico chino.

El curso lo he concebido para ser expandible, y poder ir agregándole nuevos módulos, pero en su formato inicial está conformado por dos (2) módulos de cuatro sesiones, con una duración total de ocho sesiones si se desea tomarlos ambos. Estos dos módulos son:

Módulo 1: lecciones de los clásicos daoístas (taoístas)

  • Dos sesiones dedicadas a Laozi y Huainanzi: el famoso texto fundador del daoísmo junto a un texto que despliega en un lenguaje accesible toda la riqueza de su cosmovisión.
  • Dos sesiones dedicadas a Zhuangzi y Liezi: yuxtaposición de dos lúdicos y sorprendentes filósofos que llevaron el daoísmo a la calle y a la vida diaria.

Módulo 2: lecciones de los clásicos confucianos

  • Dos sesiones dedicadas a Confucio y Mencio: codo a codo con el maravilloso fundador del confucianismo y su más provocador discípulo.
  • Dos sesiones dedicadas al Clásico de la devoción filial, el Clásico de las canciones y al Clásico de los ritos: tres textos que además de hermosos son los pilares de la aplicación del confucianismo a la vida diaria.

Valor: Cada módulo de cuatro sesiones presenciales de dos horas y media cada una vale: $100.000 (contempla viandas para degustar y apoyo docente por internet). Si contratas dos módulos juntos: $180.000

Próximas fechas: Miércoles 1 y 8, Lunes 13 y 20 de Agosto de 2012, 19:00 – 21:30. Para ver los detalles de cada sesión por favor dirígete a la pestaña “calendario” en el menú principal de arriba dentro de los próximos días.

Local: Sede de la Escuela Chilena de Feng Shui, Av. Nueva Costanera 3357, Vitacura. Esta es una institución que lleva ya dos décadas de actividad enseñando Feng Shui y otras cosas relacionadas con la cultura y cosmovisión china y que es dirigida por mi esposa la maestra de Feng Shui Sylvia Galleguillos. Ella amorosamente me está disponiendo ahí una “sala de estar” con todas las comodidades necesarias para deleitarse mientras se aprende, y a la vez equipada con todos los recursos docentes y audiovisuales necesarios.

Testimonio de Gabriel Bunster sobre mi curso Shakespeare y la escena extraordinaria

Esta es una entrada publicada el 20 de junio por Gabriel Bunster en su blog personal, relatando una sesión de mi curso Shakespeare y la escena extraordinaria en La Akademia. Para ir a leerlo en el blog de Gabriel, haz click sobre el enlace (se abrirá en otra ventana/pestaña):

Gabriel Bunster, Curso de Shakespeare en la Akademia

 

 

Resumen de la segunda sesión de Shakespeare y la escena extraordinaria

Con mi amiga Andrea Brandes estamos realizando en La Akademia un ciclo de encuentros con Shakespeare y la relevancia que puede tener para nosotros en la actualidad, en la cotidianeidad y en la vida emocional y profesional. Este enlace te lleva a ver mi resumen de la segunda sesión de aquél ciclo (se abrirá en ventana/pestaña nueva):

Resumen de la segunda sesión de Shakespeare y la escena extraordinaria.

La necesidad de Confucio – por qué me conmueve y moviliza el confucianismo

Enzo Cozzi en Mengmiao, Templo de Mencio, Shandong 2012Como el Dante al comienzo de su Divina Comedia, Sylvia (mi mujer, mi “Virgilio” y mi guía) y yo nos perdimos por una selva antes de poder dar con la meta del último peregrinaje que realizamos en nuestro recién pasado viaje a China de abril de 2012. No era la terrorífica selva de Dante, mas igual algún temor inspiraba, pues se nos hacía ya tarde tras un día extenuante, y sus sinuosos y solitarios senderos llevaban también a un mundo de muertos: un ancestral cementerio.

Tras haber recorrido la sureña Yunnan peregrinando hacia Shangri La – episodio que cuento en mi posteo anterior – habíamos partido hacia el antiguo país de Qi, la nación de Confucio, en la actual provincia de Shandong, al otro extremo de China. Nuestra meta era Qufu, ciudad donde se hallan el mayor templo dedicado al sabio, su mansión ancestral y su tumba, emplazada en medio de un bosque. En ese bosque fue que nos perdimos con Sylvia antes de poder dar con la tumba, lugar que yo por años había soñado con visitar.

Mucho antes de perdernos en ese bosque, eso sí, había cumplido ya otro sueño aquél mismo día. Por la mañana temprano habíamos conseguido llegar al templo de Mencio, en la pequeña ciudad de Zoucheng cerca de Qufu. Es una localidad fuera de toda ruta turística, los únicos occidentales ahí éramos nosotros. Mencio es históricamente el mayor discipulo de Confucio y una voz única en el confucianismo, que sólo atino a describir como amorosa y feroz a la vez, más dura que pedernal y más líquida que remanso. Parecida a las de algunos de esos profetas bíblicos tal vez, claro que muy lejos de lo religioso y confesional en su caso, y sin tono apocalíptico, pues para Mencio entramos al infierno acá mismo cada vez que lesionamos nuestra integridad con dobleces y argucias, y de ahí ya todo se nos vuelve cotidiano penar. Y es la voz de Mencio de una actualidad asombrosa también, como muestro en el siguiente video:

Mengmiao, el templo de Mencio, nos conmovió por lo austero y silvestre. Sus enmalezados jardines y sus viejas y descascaradas paredes nos resultaban coherentes con las enseñanzas del sabio. Tal como exclamara Jorge Manrique: “¡[Tanta] diligencia tan viva… en componer la cautiva (la cara), dejándonos la señora (el alma) descompuesta!” (Coplas a la muerte de su padre), pero en otra vena, la vena laica del confucianismo, así parecía exclamar Mencio mientras paseábamos: “¡Para qué tanto cuidar de jardines… dejándonos la intachabilidad descompuesta!”

Tras la visita al templo de Mencio, nos esperaban emociones mayores aún en nuestras visitas al templo y la tumba de su maestro, esa misma tarde, en Qufu, a treinta kilómetros de Zoucheng.

El templo de Confucio era otra cosa. Aparato de estado y grandilocuencia a destajo. Sin embargo, en los insterticios de tanta decoración ostentosa y versallesco paisajismo, se respiraba de repente sutiles bocanadas de las vicisitudes del sabio. Por ejemplo, en un momento nos desviamos de la ruta turística y terminamos en un patio lateral, junto a un murallón de piedra carcomido del tiempo. El letrero a su lado informaba que de ese muro se habían rescatado Las Analectas, famoso libro con las lecciones del filósofo, que había sido emparedado allí por algún discípulo, salvándolo así de las persecuciones y quemas de libros para nosotros y la posteridad.

¡Salvado allí en ese muro para nosotros! Aquél libro sin fecha de expiración, que comienza con las palabras: “¡Díganme si no es dichoso estudiar y aprender con diligencia, y recibir en nuestros hogares a amigos queridos!”

El muro donde se preservaron Las Analectas de Confucio, Qufu, Shandong, foto de Enzo Cozzi
El muro donde se preservaron Las Analectas de Confucio, Qufu, Shandong, foto de Enzo Cozzi

Lo más emocionante, por lejos, fue nuestro encuentro final, cuando ya caía la tarde, con la tumba de Confucio. Sobre todo por la forma como llegamos, tras haber deambulado perdidos por aquél bosque que la alberga. Tras haber navegado al garete en aquél bosque por un caleidoscopio de tumbas, llegamos ante un túmulo con una piedra y algunas guirnaldas rojas delante. Estaba todo florecido con flores azules, pues era la primavera plena. Allí me me detuve a preguntar por la tumba de Confucio a tres hombres que fumaban acuclillados junto a un basurero donde sacudían las cenizas.

El sólo hecho de que un grupo de fumadores, en cualquier parte del mundo, ¡pero sobre todo en China!, estuvieran molestándose en medio de un parque en tirar sus cenizas, no al suelo, sino respetuosamente en un basurero, debió haberme hecho anticipar su afable respuesta:

“Xiansheng (señor), ya está usted delante de Kongzi Mu (la tumba de Confucio).”.

Escucharlos y perder yo la compostura fue todo uno. Como si me hubieran pulsado un interruptor en los nervios, me vino a remecer instantáneamente una indescriptible emoción, que aquel tríptico de parroquianos fumadores de la tumba ancestral sin duda acentuaron en mí, con su proceder tan impecablemente a la altura de las circunstancias.

Corrijo: no fue tan indescriptible mi emoción. La puedo describir. Me conmovió el hecho de sentirme parado junto a las raíces de un desafío vital prodigioso de simple: cómo hacer para ir logrando a diario vivir contento y plenamente, sin pasar a llevar a nadie jamás.