Perfil

Breve CV académico

enzo : 4 diciembre, 2010 20:01 : Perfil Enzo

Grados académicos
Cert. dramatherapy (certificado) – BA sociology (licenciatura) – MA modern drama studies (master) – PhD cultural ecology (doctorado)

Tesis
Theatre and popular celebrations in Cataluña, para BA
In search of the transcendental signifier, para MA
Masking, curing and learning, para PhD

Pegas
Royal Holloway University of London, Department of Theatre and Drama. Académico titular con tareas de docencia e investigación. Fue por los veinte últimos años mi pega principal. Desde agosto 2010 he dejado la docencia allí para concentrarme en la investigación: leer, escribir, publicar y viajar.

Algo de lo que he enseñado allí:

Latin American ritual theatres – critical theories – ecologies of performance – boundaries of performance – theatre as art, change and ritual – interculturalism – intercultural mask-making – dramatherapy, psychodrama and the rainbow of desire – theatre in education . También supervisaba tesis de maestrías y doctorados.

AMPLIACION DE UN CURSO
Critical Theories (pensamiento crítico del siglo veinte)

Lo coordiné por cuatro años, proponiendo currículum y metodología al resto de mis equipos docentes (todos alumnos de doctorado que iban cambiando a medida que se iban titulando). Nuestro currículum, con algunas variaciones de año en año, fue más o menos:

Saussure – Lévi-Strauss – Lacan – Derrida – Foucault
feminismo francés – estéticas no europeas – postmodernismo

Metodología
Primero 1 hora de debate entre los profes sobre cada pensador. Los debates eran en serio, sacarse ronchas era lo esperado y lo que más atraía al “público”. Yo no debatía, sólo moderaba. De otro modo habría sido unfair (injusto en menor grado) con mis más bisoños colegas, con 30 años más de teoría en el cuerpo. Después respondíamos preguntas de los alumnos (yo ahí podía intervenir). Luego un recreo y después 2 horas de seminario-taller donde los alumnos debían presentar y debatir sobre textos claves de cada pensador.

Evaluación
2 ensayos acerca de dos pensadores y una presentación/performance grupal haciendo cruces entre pensamientos.

Testimonio
Lo pasábamos chancho. Hasta hoy conservo amistad con varios(as) ex-profes de mis equipos, sobre todo los/las de otras latitudes. Me sorprendía cómo mis ópticas sobre los pensadores iban evolucionando año a año, con las súbitas llegadas de nuevos insights y conexiones, bajo el embrujo de las nuevas lecturas, las nuevas miradas de mis jóvenes colaboradores, y los novedosos enganches con la teoría que hallaban los alumnos. Mi pena: que acabado mi período se hubiera extirpado a Lévi- Strauss y las estéticas de ultramar, dos amores míos de larga fidelidad. Unicos enclaves, además, de cosmovisiones no occidentales en un abanico crítico bien vuelto hacia su propio ombligo (por ombligazo que fuera), con el cordón atado por ahí a una ribera del azul Danubio. No fue, según yo, cirugía menor, la extirpación de una verruga o un lunar, sino de un pulmón entero. El más lozano y con todo su aire adentro.

(El texto de Lévi-Strauss que pusimos en mi último año fue El pensamiento salvaje (ver imagen arriba – alusión tanto a la actividad de la mente como a las florcitas que adornan los caminos). En estéticas de ultramar les pasamos textos de Ibn Sina y de Zhuangzi. Eso fue en el 2006. ¡Qué pérdida para el 2007 y sus retoños! Si todavía me quedan ganas de protestar. Pero ya me fuí, nos fuimos todos, y los idos idos están)

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Cómo estoy

enzo : 6 agosto, 2010 17:43 : Perfil Enzo

No sé si todavía existirá entre los escolares de hoy, pero la pregunta “¿Cómo estoy?” era la manera más común de autoestimarnos cuando mi generación era todavía colegial. Una manera traviesa, jovial, de creerse el propio cuento, apoyada en alegres gestos de desplante que involucraban al cuerpo entero. Mientras que las voces “¡Cómo erís!” o “¡Cómo soi!” estaban reservadas para reprocharnos mutuamente vilezas o mezquindades. Desde entonces, creo, es que prefiero describir mi vida y lo que hago mediante el verbo estar en lugar del verbo ser.

(Un tiempo después de dejar el colegio vería respaldada esta preferencia nada menos que por nuestra filosofía autóctona latinoamericana… Ya me meteré por ahí).

Ese joven prejuicio contra el verbo ser me dió tempranos desencuentros con mi padre. Aún lo recuerdo increpándole a éste su primogénito, desde arriba de las escaleras del hogar, su ‘falta de ambición’. “¡Nunca he conocido a nadie tan carente de ella…!” – fue el tenor de sus palabras, y el de las mías (pensadas pero nunca dichas) fue: “Es curioso que piense ésto de alguien que está tan lleno de ambición”.

La razón no estaba de su parte ni de la mía. El apelaba al término “ambición” para lamentar la ausencia en su hijo de aspiraciones a llegar a ser “alguien”. Sin embargo su hijo por entonces ya estaba en otra… Ambicionando otras cosas, vagas y difusas, pero a su manera no menos ambiciosas…

Llegar a entender a Rilke y a Holderlin. Forzarle las puertas a la “verdad absoluta” (no invento, si hasta formamos una tertulia con otros condiscípulos y visitamos a gurúes de esa época buscando pistas para alcanzar a esa liebre tan escurridiza). Comprender lo que hace inhumano al ser humano, con Fromm y Marcuse. Descubrir, con Russell y Koestler, la clase de todas las clases, la ecuación final.

Y hasta el día de hoy (con mi padre ya largamente evacuado de su escalera) he seguido ambicionando esas peculiares ambiciones. Bien en vano, hay que decirlo.

Eso sí que a los 21 años casi, casi, las pillo. Fui a dar a un lugar donde se me presentó la bendita explicación que todo lo explicaba. Dí de bruces con ella como esos pájaros que a diario se dan tutes contra las fachadas de vidrio de Sanhattan en Vitacura – pues aquellas les prolongan arteramente el cielo, hasta con nubes y otros pájaros (¡ellos mismos y las nubes detrás suyo!) para hacer más realista la ilusión. No terminé como esas pobres aves, despaturradas en el pavimento. Pero igual salí bien remecidito de aquél lugar, y con la fórmula aquella desvanecida como un sueño o una fugaz epifanía.

Pero el haberla vislumbrado me hizo confiar en que habrá también otros lugares donde hallarla. Universos intangibles del pensamiento o mundos tan reales que podrías rascarte el lomo y aplastar tus piojos contra ellos.

Eso, y otras cosas que me sucedieron en ese mismo lugar, me dieron el pistoletazo inicial de una carrera que ha resultado ser de varios miles de kilómeteros más que los 100 metros planos, que corría bastante rápido de escolar.

Así es como he andado por el altiplano sudamericano y estado con sus dioses y sus ofrendas, en sus fiestas y en sus oráculos. He estado en el desierto chileno, hipnotizado con sus bailes a la virgen y sus cirios quemándome las manos. En el Brasil, no tanto de la samba y la bossanova (aunque no he dejado de pasearme “vitrineando” desde Copacaban hasta Leblón) como de la umbanda y el candomblé, donde me he visto en cada trance… y todo por ir a estar con sus brujos adivinos y a meterme a sus terreiros.

Llegué a la “Rubia Albión”, Inglaterra. Acogedorazo país donde he estado ya más de treinta años. Haciendo teatro, viajando, acopiando unos cuantos títulos académicos y finalmente enseñando. Dramas, cosmovisiones, pensamientos, ritos, teorías, máscaras y cosas por el estilo. Y aprendiendo también. Atando cabos, husmeando…

Llegué también a Escocia y Holanda (mejor no cuento esas paradas). A Irlanda, donde quizá anduve cerca otra vez de cazar a mi liebre, embrujado por una Siobhán que me ató a su lecho insular en county Clare como una Circe cualquiera, alimentándome tan sólo de ella, de su música y las letras y artes de su país, fastidiándome con duendes, hadas, gnomos, viejitos curcunchos ofreciendo cambiarte todo lo que tienes por botellitas azules, y todo tipo de leyendas sobre St. Patrick, hasta cada amanecer. Qué manera de quitarme el sueño mi Siobhán. Todo para que me quedara a estar largo con ella. Pero partí.

Estuve fugazmente en México, hospedado por Andrés (no sé si te parecerá que ponga tu nombre completo), mi mejor amigo de la adolescencia. México es un “lugar al cual la muerte se le parece bastante” según el inolvidable actor británico Ralph Richardson (viejo lindo, lleno de picardía), a quién una vez su amigo, ese otro inolvidable de Laurence Olivier (mira su Hamlet aquí), le quemara el trasero con un volador de luces lanzándolo sin querer, como ese misil boliviano de hace algunos días, a perseguir a Richardson por todo el patio y primer piso de su casa.

También he llegado al Africa de ritos de paso en chocitas de paja, y cabalgatas a mata caballo flameando túnicas rojas por las praderas. Allí mi hijo Danilo por milagro nomás no sucumbió a la malaria en Kisumo, junto al lago Victoria. Y hemos estado con él y su madre en el Estambul de mezquitas de millones de azulejos azules (perdón por la redundancia, es que de ese azul de las mezquitas le viene su nombre a todos los azulejos del mundo). La experiencia de estar metido, a pata pelada, dentro de ese azul como no hay otro igual afuera del mundo islámico, no se la puede contar… Hay que ir, estar allá, por fugazmente que sea…

(Koestler, en su The Act of Creation (una lectura de nuestras adolescentes tertulias) decía que varias inspiraciones decisivas para la ciencia habían venido en momentos fugaces – como una de Poincaré que le vino al poner el pie en el primer peldaño de un tranvía. Es decir, tuvo que salir de casa para ir hacia otro lugar. Aunque el otro lugar no fuera más que, qué sé yo, una tabaquería.)

Y ahora, ya encaneciendo, he ido a recalar en la China, todavía a la zaga de aquella liebre con su mortero de la inmortalidad en una mano y su bouquet de florcitas volantes en la otra. China, el país de los volantines, de los pendones y los voladores de luces.

(La enciclopedia esa de Borges que me cita Andrea Brandes en un comentario por ahí, existió de veras).

Ahora que lo pienso, China está llena de tabaquerías. Nunca he entrado, pues soy no fumador. ¿Y si mi liebre imposible se hubiera estado escondiendo en una cigarrería, sabiéndose allí segura, disfrutando plácidamente unos puchitos en vez de zanahorias?

En una de esas, en mi próximo viaje a China (en Octubre de este año, a cargo de un buen grupo de viajeros bastante entusiasmados) profano a este ser mío tan devoto del no fumar. Voy y me meto a una tabaquería, dispuesto a probarlo todo (si uno entra a una casa de té en China, tiene que degustar, y supongo que será parecido en las tabaquerías). Todo, con tal de estar allí un buen rato, por si llegara a saltar ya saben quién…

¿Cómo estaría eso, ah?

(Mientras no me pase lo mismo que a un campesino de 宋 Song en la época clásica, de quién cuenta Hanfei que un día le saltó una liebre que fué a azotarse y romperse la crisma contra un tronco. Merendó el labrador espléndida cena esa noche, pero al día siguiente, en lugar de volver a sus surcos, partió a apostarse junto al tronco a esperar que le saltara la próxima liebre. Meses después
aún seguía vigilando su tronco, y su plantación convertida en un peladero…)

¿Cómo estoy?
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Estar o no estar

enzo : 5 agosto, 2010 12:24 : Perfil Enzo

Héme aquí, merodeando ya casi los sesenta (en Chile recién cumplí 58, mas si contamos a la usanza china ya tengo 59 – y eso es vertiginoso) y arrastrando todavía mi juvenil prejuicio contra el verbo ‘ser’.

Voy a explicar este prejuicio con un ejemplo tomado del chico Pedro.

autor: Renato Andrade, Nato
ver más…>>

Preámbulo: el chico Pedro es Shakespeare. Hasta hoy lo sigo llamando afectuosamente así en mis clases en español. Hace muchos años atrás se ganó ese apodo entre unos soldados de la Fuerza Aérea que se hallaban detenidos y a quienes la vida me llevó a enseñarles literatura, teatro, historia, ajedrez, cosas así. O tal vez me enseñaron ellos a mí, a aquél cuerpo extraño que había ido a varar allí. E ido a varar de veras: si a Shakespeare lo apodaron ‘chico Pedro’ por aquello que me oían pronunciar, yo me gané entre ellos el apodo de ‘Toribio el náufrago’ por mi facha. La que aún mantengo, sólo que lo negro se está volviendo blanco (menos los pantalones) y la guata se está volviendo convexa cuando era cóncava.

Cuento una anécdota ocurrida allí de las muchas que me hacen dudar del verdadero sentido en que en mis clases suele viajar el ‘aprendizaje’:

Con todo respeto don ‘Nelsito’…

Me llamó así el hablante porque ‘Enzo’ no lo podía pronunciar. Y eso provocó que al llegar yo meses después a Londres, y ver el imponente monumento a Nelson en la plaza Trafalgar, y acto seguido el esmirriado homenaje a Shakespeare perdido en la arboleda de la vecina Leicester Square, pudiera haberle musitado: “¡Ahora entiendo por qué te decían ‘chico Pedro’!”. Pero no lo hice, porque en mí el ingenio vive llegando tarde a sus asuntos. Para ser ecuánime, tarda, y mucho, pero a veces llega. Por ejemplo, hace un rato atrás se me acaba de ocurrir que también podría haberle dicho al vate: “Si te sirve de consuelo, a mí me dicen ‘chico Nelson’.” Bueno, tal vez no sea tan ingenioso. Mejor sigamos…

Danilo Cozzi con flor que vuela

“…con todo respeto” – siguió mi interlocutor – “las mariposas no son insectos propiamentemente tales por cuales…”

(juro que así habló, con “mente” repetido y todo)

“…sino que son florcitas que vuelan”.

Quién así me habló fue un sargento petiso, obcecado como él solo y semi analfabeto, mientras blandía delante mío, como demoledora prueba de lo que decía, un capullo recién arrancado de una rama de álamo.

Oportunidad: durante mi clase de biología. Tema: la metamorfosis, pedido por los conscriptos…. (Nunca me había bien en biología. Los cuatritos coma cinco me caían en el libro de notas tintineando como chauchas en un chanchito.)

Mientras los conscriptos alrededor celebraban feroz y burlonamente la demostración del sargento, yo me limité a sonreír y seguir con la clase. Quién calla concede, por lo que el sargento, como si las risas de sus otrora subordinados no hubieran sido más que hurras, dió por probada su versión.

Yo ya he llegado a conceder que harta razón tenía. Otra laya, con más sentido, de razón. Con el correr del tiempo he debido seguir haciendo concesiones parecidas con respecto a muchas otras experiencias ‘docentes’ vividas por aquí y por allá…

Pero vamos al ejemplo tomado del Chico Pedro:

Cuando Hamlet declama su famoso “To be or not to be, that is the question…” y esa frase se traduce a nuestro idioma como: “Ser o no ser, esa es la cuestión…”, se ha eliminado allí de una plumada la mitad de los sentidos que el verso puede suscitar. Porque en inglés “to be” no solamente significa “ser” sino también, y por partes iguales, “estar”.

Y cuando ese estar ya no está, el ser no puede ser.

Ahí está la cuestión…

Oír: Bee Gees, To be or not to be
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=LdZGUAYSs_M][youtube=http://www.youtube.com/watch?v=rGEbCemKatY]
Oír: Cindy Quah, To be or not to be

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